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Aunque suene a tópico, lo cierto es que yo no veo televisión. No, no es que solo vea los documentales de La2, que no los veo, o que no vea programas absurdos como Acuarios XL, que sí los veo, lo que pasa es que todo lo hago por la web, de forma que veo lo que quiero y cuando quiero. Cuando me siento a cenar delante de la tv acabo viendo una de las cientos de películas que tengo o bien me alquilo una. Pero la noche del 27 de diciembre, un poco harto de tanto cine, nos quedamos en casa viendo el programa Inocente Inocente de TVE. Es un clásico de estas fechas y ya lo había visto hacía tiempo, pero me dispuse a dejarme entretener con las bromas y a emocionarme con las historias de los niños a los que va la ayuda que se recauda cada año. Para mi sorpresa, siendo TVE, pude encontrar numerosos fallos de realización, videos que entraban tarde o pronto, absoluto despiste de los presentadores que a menudo no sabían qué tocaba en ese momento… es decir, más allá de la cuestión artística de la que podríamos hablar más adelante, la parte técnica de la gala no estaba al nivel técnico de lo que se espera de una cadena de esa categoría. Aunque era en directo, la mayoría de los contenidos eran vídeos grabados y no había sorpresas, sin embargo los errores fueron habituales y el ritmo, tan importante en cualquier espectáculo, inexistente. La pareja de niños que salían haciendo comentarios, (como aquel programa de los Gallifantes) era de vergüenza ajena. Alguien debía haberse dado cuenta que la gracia de los niños es que sean espontáneos y se expresen con libertad según su particular lógica de las cosas. Si les das un guión, se convierten en actores, normalmente mediocres.

TVE debería tener como meta ser la mejor televisión del país, la de mejor calidad sin necesidad de ser rentable, la que compita con las privadas arriesgando en series de ficción diferentes, modernas, programas atrevidos que duran en el tiempo sin importar las audiencias o con grandes proyectos de documentales de naturaleza o de sociedad o científicos.

El docuficción sobre Jorge Sanz que solo pudieron ver los abonados a Canal+ hubiese sido digno de una buena televisión pública o La hora Chanante podría haber nacido también ahí, pues sin el canal Paramount Comedy tal vez no hubiesen tenido una oportunidad. Es cierto que también hay cosas interesantes como Cuéntame o un País para comérselo, pero por ejemplo, Águila Roja está más al nivel y en la línea de Antena 3 y cualquiera de sus culebrones nacionales.

Los servicios públicos no deben medirse por rendimiento económico, y no debemos llevarnos las manos a la cabeza si son deficitarios. La crisis nos está llevando a valorar las cosas solo por lo que cuestan, y eso es un gran engaño. Pero lo que sí hay que exigir a esos servicios que pagamos entre todos es calidad.

En esa línea, y con este post ya en mi cabeza, cometí la imprudencia, que algún día me llevará a la tumba cerebral, de ver por el maravilloso portal de TVE a la carta (cuyo responsable y creador fue despedido hace poco) el especial de nochebuena Parte de tu vida. No sé por qué hago estas cosas. Es posiblemente, uno de los programas más malos que he visto en años, y eso que en la época analógica me quedaba muy enganchado con las cadenas de tele tarot y sus personajes. No sé a quién se le ocurrió la idea de inventarse toda esa historia de una navidad del futuro, en el 2056, que pide ayuda a la TVE del presente para hacer su especial. Me imagino a un joven trajeado de alguna productora convenciendo a alguien de TVE de su proyecto con Ramón García de presentador, Agustín González de personaje cómico y estrellas pasadas y presentes de la cadena pública. Todo aderezado con hologramas, vestuario futurista y sobre todo ¡SUPER BARATO!, qué digo barato, ¡TIRAO DE PRECIO!. No hace falta público y se puede rodar en alguna esquina de algún plató.

Lo que no creo es que alguien se leyera el guión, porque si no, se tendrían que haber dado cuenta de que era absurdo. Desde el futuro teletransportaban a gente de la cadena desde donde estuvieran, (una fiesta, esquiando, en su casa…) hasta el futuro, y cuando llegaban, los diálogos eran muy trabajados: “¿dónde estoy? ¿qué hago aquí?-pues ¿Qué te parece cantar?- ah, pues claro”

Las letras de las canciones eran ridículas y todo el conjunto parecía de grupo de teatro de colegio. Solo fue gracioso cuando aparecía Jordi Hurtado tal y como está hoy y Ramón preguntaba: “pero a ti, ¿cuándo te hemos traído del pasado?- ¿a mí? no, yo sigo haciendo aquí Saber y Ganar desde 1997”

A ver, no digo que no sea necesario reestructurar presupuestos y reducir algunos excesos, pero no a costa de despedir a los buenos profesionales y contratar todo a productoras externas. TVE era famosa por sus profesionales y sobre todo por la realización de sus Galas. Hoy es una televisión capaz de producir y defender cosas como Entre todos o a periodistas como Mariló Montero mientras prejubila a Fernando Argenta y su Conciertazo, cesa a Punset y Redes o arrincona a María Escario a hacer mini entrevistas de 5 minutos.

Obviamente no hay que ser tan ingenuo como para pensar que los motivos son exclusivamente económicos y totalmente necesarios. Cualquier recorte es subjetivo y responde a una idea, pues siempre hay una lista de prioridades dónde meter la tijera. Como siempre, en este país falta un consenso entre todos los partidos políticos para tratar la televisión pública como un estandarte de cultura, como un embajador de la famosa Marca España que tanto les preocupa a veces, y dejar de usarla como escaparate panfletario para sus fines partidistas.

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